Ya ahorras… pero no sabes qué hacer con ese dinero.

Ya tienes el hábito de ahorrar. Ahora toca darle una misión a ese dinero

Lograste algo que antes parecía imposible: llega dinero y ¡no te lo gastas todo! Ya hay una cantidad guardada que sobrevive a la quincena, a las ofertas y a tu poderoso argumento de “me lo merezco”.

Pero abres tu cuenta, miras el saldo y piensas: “Muy bien… ¿y ahora qué?”

Tu dinero está igual. Si pudiera hablar, diría: “Llevo meses aquí. ¿Somos un fondo de emergencia? ¿Vamos a viajar? ¿Estamos construyendo un retiro? Necesito saber cuál es mi propósito en la vida”.

Tu dinero necesita una misión, no una crisis existencial.

“Quiero tener más dinero” suena bien, pero todavía no es un plan. ¿Más dinero para qué? ¿Para cambiar de computadora? ¿Para aguantar una temporada sin trabajo? ¿Para tener más opciones cuando te retires?.

El siguiente paso es darle dirección y orden: saber qué necesitas cubrir primero y para qué quieres usarlo después.Puedes organizarlo con estas tres prioridades:

1. Fondo de emergencias: que la vida no te agarre en ceros

Tu muela del juicio no consulta tu cuenta de banco antes de descomponerse. Por eso, tu primera prioridad puede ser construir un respaldo para imprevistos y temporadas difíciles.

Sepáralo de tus gastos diarios y mantenerlo en una opción de inversión que sí te pague rendimientos y que puedas tener acceso a él en cualquier momento. Existen Bancos, Cetes, Fintech o Fondos de Inversión te ofrecen este tipo de servicio y desde tu propio celular. 

Empieza con una cantidad alcanzable y aumenta tu respaldo según tus gastos esenciales, lo ideal es ahorrar 3 meses de tus gastos básicos, contemplando deudas, para que puedas sobrevivir por cualquier eventualidad.

Su misión: ayudarte a resolver una emergencia sin tener que endeudarte, y no, el cel en descuento no es una emergencia, aunque queden pocos.

2. Empezar a invertir: tu dinero también puede aportar al equipo

Con tu fondo de emergencias echándote aguas, puedes evaluar qué parte de tu ahorro puedes invertir para buscar rendimientos más atractivos.

Cuando haces el habito de separar algo cada mes, cuando te des cuenta, ya tendrás suficiente en tu fondo de emergencias, cada vez que sobrepase lo de tus gastos de 3 meses, es momento de enviar algo a una inversión de más largo plazo. Si, suena aventurado, complicado y no sabes ni por dónde empezar, pero es el siguiente paso para tu libertad financiera. 

Aprende cómo funciona la inversión, sus riesgos, sus costos y cuándo puedes retirar el dinero. 

Invertir no es magia financiera, no vas a multiplicar tu dinero en 3 meses (y si alguien te lo ofrece, corre en la dirección opuesta), pero tu ahorro puede empezar a trabajar mientras tu sigues generando dinero. 

3. Metas de mediano y largo plazo: ponle nombre al futuro

Un curso, el enganche de una casa, emprender o complementar tu retiro: tu dinero necesita saber hacia dónde va.

Para cada meta, define cuánto necesitas, cuándo lo quieres y cuánto puedes aportar al mes. Separa los montos para que la casa, las vacaciones y el retiro no se peleen por los mismos pesos.

Estas metas también orientan tus inversiones desde el principio; puedes empezar a definirlas mientras construyes tu respaldo.

“Para mi futuro” suena bonito. “Para el enganche de mi casa en cinco años” ya tiene dirección. Dale una tarea a tu ahorro, revisa lo que tienes guardado y asígnale una función. Puedes avanzar en varias prioridades a la vez, según tus posibilidades, sin comprometer tu respaldo.

Tu dinero no necesita resolver su crisis existencial. Necesita que tú le digas cuál es el plan.

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